2:37 a.m., el sábado ha acabado y en todo el día no he jugado ni una mano. Podría ser sábado como jueves. El día es lo de menos. Y la cuestión tampoco es dejar de haber jugado durante un día. La cuestión y el porqué de la reflexión es si se podría llegar a algún sitio con poca constancia.
En el poco tiempo que llevo no he tenido ningún reto destacable, ni conseguir una cifra concreta, ni llegar al nivel x en un tiempo determinado, ni siquiera jugar x manos al día. En todo este tiempo he jugado casi a diario, no más de 2 horas al día y con menos de 10 mesas simultáneas. Dicho de otra manera, en todo este tiempo apenas he jugado por una meta que requiera un cierto orden. O dicho de otro modo, he jugado cuando y como me apetecía.
La reflexión viene cuando hoy ni he “pisado” una mesa porque ayer tuve una buena sesión. Mi cabeza, insegura como nadie, me viene a decir “no juegues, vayas a destrozar lo que conseguiste ayer”. Este pensamiento no lleva a ningún sitio y no se puede encontrar el argumento por ningún lado.
Así que la medida razonable es imponerse un tiempo para jugar. Salvo enfermedad, mal humor o falta de él o cansancio, no debería haber excusas para olvidarse ni para no jugar porque “ayer lo hiciste bien y hoy puedes perder lo ganado“. Sobretodo, más allá de obviar un razonamiento tan patético como ese, porque tenemos un juego, un estilo. Por supuesto que un día/dos/tres/cuatro y hasta semanas puedes perder con tu juego y estilo. Pero para eso está el tiempo, la mejora del día a día, la mejora de la constancia, etc etc. Para corregir tendencias/errores y que el largo plazo ponga todo en su sitio. A priori suena bien lo de jugar a diario o como mínimo mantener una constancia de x tiempo/manos por día. Por lo menos suena más razonable que la frase de “ayer lo hiciste bien y hoy puedes perder lo ganado”.
Todo esto no es más que para ponerme en situación sobre lo que es muy posible que ocurra el mes que viene.
Bankroll en Titan: $282.86
Archivado bajo:Artículos, Desde Cero









